Declaración
Pinto en gran formato, para ponerse delante de la obra más que para mirarla. El trabajo comienza como algo familiar y lo deja deshacerse — una superficie, un patrón, una palabra que todos creen reconocer — hasta que lo que queda se acerca más a cómo se siente realmente una cosa que a cómo se la nombra.
Mis títulos formulan la misma pregunta desde distintos lados: dónde podría estar el centro de algo sin fin, cómo lo uno se vuelve múltiple, qué queda de lo familiar una vez que dejas de estar seguro de ello. Las pinturas se levantan a lo largo de extensos periodos, en capas que guardan el registro de cada decisión y cada vuelta atrás, de modo que la superficie acabada conserva aún el proceso que la hizo.
El propósito no es la imagen de una idea sino un encuentro con ella — lo bastante grande, y lo bastante abierta, para que sea el espectador quien la termine.